La carta que Elara había enviado días atrás, sellada con cera negra y escrita en código ancestral, llegó a su destino: la Fortaleza de Neryth, bastión de los clanes del este. Allí, donde la luna apenas se asomaba entre montañas de piedra y niebla, los líderes de los linajes exiliados aún recordaban el nombre Kalei con temor y odio.
La respuesta llegó al amanecer, traída por un cuervo de ojos rojos.
Elara lo recibió en su habitación, sola. Rompió el sello y leyó en voz baja:
> “El linaje ha desp