9• Bienvenida a Chianti.
No supe en qué momento me quedé dormida. La última imagen que recordaba era la lluvia golpeando la ventanilla y el murmullo grave de Dean al teléfono. Cuando abrí los ojos, él ya me observaba desde el asiento frente a mí.
—Despierta —murmuró con voz baja, casi ronca—. Ya llegamos.
Parpadeé, tratando de ordenar mis pensamientos. El interior del jet estaba envuelto en una luz tenue, y la sensación de pesadez en mi cuerpo me recordó que llevaba horas sin dormir de verdad.
—¿Italia? —pregunté, toda