Me quedé sentada junto a la piscina con el silencio extendiéndose a mi alrededor, pesado y denso, como si el mundo hubiese detenido su giro para atraparme en ese momento incómodo. Sentí la tensión rozándome la piel, pero también un extraño alivio al quedarme sola, incluso con las palabras de Mia aún resonando en mis oídos.
Mi mente se agitaba con mil emociones que luchaban por salir a la vez: culpa, incertidumbre… y una curiosidad que me quemaba por dentro. Me pregunté cuántas veces Mia habría