14• No hay otra. Solo tú.
—¿El propósito por el que estoy aquí? —repetí, con una risa amarga—. Escucharte decir eso como si fuera algo lógico me da náuseas.
Dean no respondió. Dio un paso hacia mí, lento, medido, como si disfrutara de cada segundo de mi incomodidad.
—Te escuchas como si de verdad creyeras que esto está bien —seguí, con la voz quebrada por la furia contenida—. Como si tenerme aquí fuera un simple acuerdo. Pero no lo es, Dean. Esto no es un trato, es una condena.
Sus ojos permanecieron en los míos mientra