Cuando finalmente llegamos, Mazhar estacionó en un área tranquila, rodeada de árboles y una atmósfera de misterio. El lugar era un pequeño bar escondido, con una entrada discreta que prometía privacidad.
Al salir del coche, me sentí como si estuviera cruzando un umbral hacia lo incógnito. Mazhar se acercó a mí, y su mirada estaba llena de una mezcla de deseo y posesión.
—Confía en mí —dijo, extendiendo su mano hacia mí.
Miré su mano, dudando por un instante. Pero en el fondo, sabía que había t