Romeo Mancinelli
El eco de sus palabras resonaba en las paredes de mi despacho, frío y cortante como el filo de un cuchillo. "Te odio. Jamás podré expresarte amor". La miré a los ojos, su mirada llena de desprecio y dolor, y sentí un vacío helado en el pecho.
No era ajeno al odio. Lo había visto en los ojos de mis enemigos, en los de aquellos a quienes había traicionado. Pero el odio de Elif era diferente, más profundo, más personal. Me dolía, me quemaba por dentro, como si me hubieran arrancad