Elif Pellegrini
La mañana continuaba su curso, y cada flecha que lanzaba me llenaba de una nueva energía. El Don me observaba con aprobación, y yo sentía que cada tiro no solo mejoraba mi técnica, sino que también fortalecía mi confianza. Sin embargo, en medio de mi concentración, una voz interrumpió el momento.
—Es hora de la reunión con los socios —susurró Emilio, acercándose sigilosamente. Su tono era bajo, casi conspirativo, como si no quisiera romper la atmósfera que habíamos creado.
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