Emily
—¿A mí?
Adam no soltó mi cintura.
—Sí.
—Eso no explica nada.
—Entre los nuestros existe algo parecido a una pareja destinada.
Lo miré.
—No.
La palabra salió sola.
Adam tampoco pareció ofendido.
—Entiendo.
—No puedes decirme que existe el destino y que hace seis días decidió que tú y yo…
—Yo no he decidido nada.
—¡Ese es exactamente mi problema!
Me aparté.
Necesitaba aire.
Pensar.
Caminar.
Algo.
—¿Entonces todo esto…?
Me señalé.
Después a él.
—¿La electricidad? ¿Cómo me miras? ¿Los besos?