Emily
No sabía cuánto tiempo llevábamos caminando.
Veinte minutos.
Una hora.
Quizá más.
El humo de Lago Auralis había quedado atrás y el bosque se hacía cada vez más espeso.
Silas caminaba delante.
Dos hombres detrás de mí.
Ninguno me tocaba.
Había dejado claro lo que ocurriría si lo intentaban.
No sabía exactamente qué haría.
Pero mi loba sí.
La sentía recorriendo mi cuerpo como una segunda respiración.
Furiosa.
Adam.
—Lo sé.
Silas miró por encima del hombro.
—¿Hablas con ella?
No respondí.
So