La lluvia persistía, casi como una constante en el telón gris de esa semana. En el ala norte de la empresa Cisneros, el despacho de Adrián estaba sumido en una penumbra elegante. Las luces tenues bañaban los estantes repletos de documentos, libros de cuero y objetos decorativos que hablaban de poder, herencia y secretos bien guardados. Un reloj de péndulo marcaba las 5 p.m con un tañido profundo.
Adrián caminaba de un lado a otro como un león enjaulado, sus manos entrelazadas detrás de la espal