La noche envolvía la ciudad con su manto azul oscuro, salpicado de luces lejanas que titilaban como estrellas terrenales. El auto se detuvo suavemente frente a la casa donde Alan y Maritza habían compartido sus días desde que comenzaron las terapias. Era su refugio, su espacio a medio camino entre la sanación y la reconstrucción.
Maritza salió del auto primero, rodeando con naturalidad el vehículo para abrirle la puerta a Alan, como había hecho durante tanto tiempo. Pero esta vez, él la sorpren