La luz del amanecer entraba tímidamente por las cortinas de lino blanco, proyectando líneas doradas sobre las sábanas revueltas. El aire de la mañana tenía ese aroma fresco a tierra mojada y flores abiertas, como si el día también quisiera renacer con ellos. La habitación olía a piel, a deseo, a sueños cumplidos. A vida.
Alan abrió los ojos lentamente, su respiración tranquila, su pecho desnudo subiendo y bajando bajo la sábana. Maritza dormía con el cabello revuelto, una pierna por encima de l