La mansión estaba en silencio. Un silencio pesado, espeso, como si los muros mismos supieran que algo invisible se había roto, o estaba por romperse.
Alan no había dormido. Sus ojos estaban fijos en el ventanal, donde los primeros rastros del amanecer comenzaban a colorear el cielo con pinceladas tenues de rosa y oro. El celular reposaba sobre la mesa, iluminado con una conversación a medias. Un mensaje que escribió y no envió. Uno de tantos.
El sonido de la puerta principal lo sacó de sus pens