Al otro lado de la ciudad, entre luces y copas, Maritza danzaba. No para olvidar a Alan. Si no para recordarse que aún era ella.
Y que, aunque el corazón duela, a veces… es necesario dar un paso atrás, para tomar impulso.
El alcohol quemaba, pero no tanto como la memoria.
Maritza rio. Una carcajada breve, descompuesta. Golpeó la mesa del club con los nudillos, derramando un poco de su trago. La copa tintineó al rozar el borde. Sus labios, antes perfectamente delineados, ahora estaban manchados