El tiempo es un recurso que no se puede auditar, no se puede ahorrar y, lo más aterrador de todo, no se puede detener.
En el piso 49 de la Torre Cavendish, Joe Kensington miraba el reloj digital de su monitor. 02:45 AM. Había pasado una hora y media desde que interceptó la llamada de Arthur. Noventa minutos en los que el sicario podía estar preparándose, cargando armas, estudiando los planos del edificio o simplemente esperando en un coche oscuro a que Maxxine cometiera el error de asomarse a u