El duelo no es un proceso ruidoso. En sus etapas más profundas, es un agujero negro que traga todo el sonido, la luz y el aire a su alrededor.
Durante veinticuatro horas, la casa de seguridad en las Tierras Altas de Escocia estuvo sumida en ese tipo de silencio absoluto. Afuera, la llovizna perpetua golpeaba contra los gruesos cristales de las ventanas, pero adentro, el tiempo parecía haberse solidificado.
Joe Kensington no durmió. Asumió el papel de centinela, de padre y de fantasma. Pasó las