El miedo tiene un olor. Arthur Windsor-Windham siempre había creído que esa frase era una cursilería de novela barata, pero ahora, sentado en el asiento de cuero de su Bentley en el garaje subterráneo del hotel The Dorchester, podía olerlo. Olía a sudor frío, a colonia cara rancia y a ozono.
Eran las tres de la mañana. Arthur había bajado al garaje con la intención de conducir sin rumbo, de escapar del asedio mental de su habitación de hotel donde las paredes parecían cerrarse sobre él. Sus tar