El regreso a Londres no se hizo en un jet privado con el logotipo de Cavendish Global, ni a través de las puertas de cristal de un aeropuerto iluminado. Volvieron como fantasmas, cruzando el Canal de la Mancha en un carguero comercial, envueltos en la niebla salada que precedía al invierno.
Su nueva base de operaciones no estaba en la City de Londres ni en los barrios nobles de Mayfair. Era un almacén brutalista y abandonado en los Docklands, una propiedad fantasma que Silas había comprado en l