La vulnerabilidad, cuando se finge a la perfección, es el arma más letal del arsenal humano.
Maxxine Cavendish estaba sentada frente a la mesa de cristal del almacén de los Docklands, sosteniendo un teléfono desechable. Al otro lado de la línea, el editor en jefe del Daily Telegraph escuchaba con una mezcla de avidez periodística y un respeto casi reverencial.
Maxxine se aclaró la garganta, permitiendo que su voz sonara un grado más aguda de lo normal, inyectando un leve temblor en las consonan