Mundo ficciónIniciar sesiónLa noche tras la cena con Ramos dejó una tensión distinta en la Hacienda Valera. Diego estaba sentado en su despacho a oscuras, iluminado solo por la tenue luz de la lámpara de mesa. Sorbía su whisky caro mientras observaba la pantalla del monitor que mostraba las grabaciones del CCTV del pasillo.
Allí vio a Lucía, inmóvil frente a su puerta con el rostro desencajado, antes de marcharse con una rabia contenida. Diego no sentía culpa. Al contrario, una leve sonrisa —casi una mueca de depredador— apareció en sus labios.
Para Diego, los sentimientos humanos eran variables con las que jugar. Sabía que Lucía estaba obsesionada con él, y sabía que Elena empezaba a confundir los límites entre la actuación y la realidad. Para él, aquello era el me







