Capítulo 31

Elena entró al despacho de Diego con el mentón en alto, intentando ocultar el rítmico galope de su corazón tras una máscara de hielo. Encontró a Diego sentado de espaldas a la puerta, aún con su bata de seda azul oscuro; parecía que el tiempo se hubiera detenido para él desde la mañana.

—¿Planeas recibir a Don Carlos con esa bata? —preguntó Elena, con voz plana y profesional.

Diego giró la cabeza apenas un milímetro y volvió a mirar por la ventana. No respondió. El silencio era tan denso que pa
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