Capítulo 32

Los pasos de Diego en la escalera de mármol se sentían pesados; cada pequeño movimiento enviaba una punzada aguda desde los puntos de su espalda. Sin embargo, no era el dolor físico lo que lo mantenía rígido, sino el aroma del perfume de Elena que aún flotaba en el cuello de su camisa, residuo del momento íntimo forzado cuando ella lo vistió en la habitación.

En el salón principal, Don Carlos y Doña Sofía se pusiero

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