Estuvieron Aquí.
El vehículo frenó frente a mi edificio y, por un segundo, creí que mi cuerpo iba a moverse solo, impulsado por el puro instinto de llegar hasta Noah. Pero Dorian me sostuvo del antebrazo antes de que pudiera siquiera abrir la puerta.
—Espera —ordenó.
Su voz tenía peso.
Los dos hombres que venían detrás de nosotros bajaron primero. Se dispersaron sin decir palabra: uno hacia la esquina, una caja pequeña en mano; el otro hacia la entrada del edificio, ya hablando por radio. Sus movimientos eran m