El Camino.
No escucho cuando dicen mi nombre por primera vez, solo cuando Nora aprieta suavemente mi brazo y susurra que es hora entiendo que ya no puedo quedarme escondida detrás de la puerta.
El murmullo dentro de la iglesia baja como si alguien hubiera girado una perilla invisible y el aire se vuelve más pesado, más expectante. Doy un paso hacia adelante y la luz cambia, el eco de los tacones sobre el piso antiguo marca un ritmo que siento demasiado fuerte dentro del pecho.
Nora se coloca a mi lado sin