Capítulo 36. Si te da paz, quédate.
POV: Irina
Florencia estaba bañada por un sol suave. Las callejuelas estrechas resonaban con un murmullo de voces y pasos que me recordaban que allí la vida no corría, sino que se saboreaba.
Tras pasar unos días en la Toscana, la ciudad parecía distinta, más brillante... o tal vez había sido yo quien había cambiado.
Gaspar aparcó frente a la casa y, cuando bajé, vi a un hombre apoyado en la baranda de la terraza. Era alto, de hombros anchos y cabello plateado, y vestía ropa sencilla pero impeca