Capítulo 35. Solo mía.
La fachada de nuestra nueva casa en Florencia parecía sacada de una película italiana.
Era de piedra clara, con contraventanas verdes y buganvillas trepando por los balcones. Gaspar estaba de pie frente a la puerta, con las llaves en la mano, como si me estuviera regalando algo más que un techo.
—Es nuestra —dijo, mirándome como si esa palabra fuera un voto.
Dentro, el mármol claro reflejaba la luz cálida de la tarde. Las paredes respiraban historia: frescos antiguos cubrían los techos y cada v