El silencio en el cubículo contiguo se quebró con una voz cargada de desesperación. Bianca, inmóvil en su escondite, aguzó el oído. Era Tatiana, y su tono denotaba una urgencia inaudita.
—Necesito que por favor consigas el bebé adecuado —decía Tatiana, su voz apenas contenida—. No me interesa qué tanto tengas que arriesgarte para poder hacer eso, pero quiero que cumplas con lo que te estoy pidiendo. Para eso te pago. Te enviaré el dinero que necesites y te duplicaré la cifra si es necesario, ¡