Tatiana se sentó en la silla de metal, la luz de la lámpara de techo rebotando en la mesa de acero. La habitación, con sus paredes grises y el aire frío, era un mundo alejado del lujo y la comodidad a los que estaba acostumbrada. Frente a ella, dos detectives la observaban, sus rostros serios y sus ojos evaluadores.
—Señorita Tatiana Russo, la hemos arrestado bajo sospecha de secuestro, agresión y intento de asesinato. Los hombres que la ayudaron ya han confesado. Es mejor para usted que cooper