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Una hora antes...

Sacó su teléfono y, con manos firmes, marcó el número de la policía.

—Necesito que envíen una patrulla y una ambulancia a la calle... Creo que hay un secuestro en un almacén abandonado.

Dio su nombre y colgó. Solo entonces se bajó del auto. Abrió el compartimento del auto y sacó su arma de defensa personal. Su mente estaba clara. La puerta del almacén estaba entreabierta. Una voz grave y un grito amortiguado se filtraron. Era ella.

La puerta se abrió de golpe bajo su empujón.
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