El reloj digital en la mesita de noche brillaba con una luz tenue: las diez de la noche. Bianca se disponía a conciliar el sueño, el eco del desfile aún vibrando en su mente, cuando un pensamiento la asaltó con la fuerza de un rayo: ¡los regalos para Olivia y Henry! Con la vorágine del evento y la impactante conversación en el baño, había olvidado por completo su promesa.
Afortunadamente, la hora no era excesivamente tardía. Un impulso repentino la llevó a levantarse de la cama. Nueva York, inc