Bianca se despidió de los niños con besos voladores y la promesa de regalos, tal como habían exigido con su encantador descaro. Durante el vuelo a Nueva York, una extraña mezcla de nerviosismo y excitación se revolvía en su estómago, expandiéndose por cada rincón de su ser. Sabía que la emoción crecería sin lugar a dudas, igualando con creces la aprehensión inicial.
El regreso a la Gran Manzana se sentía peculiar, casi nostálgico. Demasiados recuerdos, algunos dolorosos, otros olvidados a propó