Días después, Eric estaba en su oficina, absorto en los planos de su nuevo proyecto. El diseño del complejo de edificios se desplegaba en su pantalla, un rompecabezas de líneas y ángulos que lo absorbía por completo. Era su forma de canalizar la ansiedad y el dolor en algo productivo, construyendo un futuro que se sentía tan sólido como el cemento.
La puerta se abrió de repente y apareció su secretaria, Daniela Montero. Parecía preocupada, su rostro pálido y sus hombros tensos.
—Señor Harring