Los días en el hospital habían sido los más largos en la vida de Bianca. Sentía que el tiempo se había detenido, cada minuto una eternidad lejos de sus hijos. Pero ahora, finalmente, el momento de la partida había llegado. Eric empujaba la silla de ruedas en la que ella estaba sentada, un gesto de amor y protección. El aire fresco del exterior le dio la bienvenida.
La luz del sol se sintió como un bálsamo en su piel. El aroma a libertad, a vida, le llenó los pulmonos.
Sin embargo, el rostro de