Vanessa
Me levanté de golpe de la cama al sentir unas náuseas horribles. Corrí al baño y me incliné sobre el inodoro, vomitando con fuerza hasta sentir el sabor amargo de la bilis quemándome la garganta.
Respiré hondo, intentando calmarme. Me lavé la cara y decidí darme una ducha. Pasé más de media hora sumergida en la bañera, como si el agua pudiera arrastrar todo lo que sentía. Al salir, me puse el albornoz y me detuve un momento frente al espejo del lavabo.
—¿Por qué luzco tan deplorable? —m