Vanessa
Quedé observando a la esposa del amigo de Dorian. Era una mujer asiática de una belleza que no se podía ignorar: su cabello largo, lacio y brillante caía como una seda negra sobre sus hombros, y su cuerpo estaba perfectamente cuidado, como si cada día se esmerara en mantenerlo fuerte y disciplinado. Había en ella algo más que simple apariencia; transmitía fuerza, temple y serenidad.
Me comentó que tenía dos pequeños revoltosos, y apenas los vi comprendí lo que decía, pues jugaban y corr