Dorian
Llegamos a Las Vegas de madrugada. El cansancio me pesaba en los hombros como si llevara una mochila llena de piedras. Vanessa, apenas cruzamos la puerta del penthouse, se dejó caer sobre la cama, hundiendo el rostro en la almohada y quedando dormida casi al instante. Era comprensible: el viaje había sido largo, el estrés acumulado nos estaba consumiendo, y aunque ella intentaba mostrar fortaleza, yo sabía que su cuerpo y su mente estaban al límite.
Gregorio, siempre alerta, se instaló e