Dorian
Sonreí con satisfacción mientras observaba toda la mercancía acomodada en su lugar. Mamá estaba de pie, con los brazos en alto, gritando al cielo como si celebrara un triunfo.
—¡Lo logramos, hijo! ¡Por fin pudimos hacer lo que quisiste! —exclamó, radiante.
—Sí —respondí con una sonrisa leve.
— Todo está en la embarcación. Lo que queda aquí irá directo al refugio.
—Me agrada saber que hiciste un buen trabajo.— Repliqué tratando de no sonar cansado.— Debo irme.
—Iré contigo… quiero conocer