La sala de reuniones era una cámara oscura y solemne. El ambiente, cargado de una amenaza latente, se sentía más antiguo y frío que el resto de la mansión. Las lámparas bajas proyectaban haces de luz dramáticos que acentuaban las sombras de los presentes sobre la enorme mesa de madera oscura. Veinte hombres, la guardia personal de élite, esperaban con los rostros tensos y los cuerpos rígidos. El aire vibraba con una expectación silenciosa y peligrosa.
Félix entró primero, era la imagen de la au