Félix seguía con la mirada fija en el horizonte oscuro, mientras Luca me sujetaba los hombros con una fuerza que buscaba desesperadamente una lealtad que yo ya no estaba segura de sentir.
—¿Desde cuándo lo saben? —pregunté. Mi voz no tembló, y eso me sorprendió incluso a mí. La rabia es un excelente estabilizador.
Félix suspiró, un sonido que salió de lo más profundo de su pecho de acero. Se guardó la pistola en la sobaquera del esmoquin con una tranquilidad insultante.
—Desde que encontramos e