Anne recordaba la primera noche de amor con su esposo, cuando nadie había intervenido para separarlos.
La noche había caído sobre la mansión con la suavidad de un terciopelo oscuro. Desde las grandes ventanas del pasillo principal se filtraban los últimos destellos de luna, y el silencio apenas era interrumpido por el rumor lejano del viento que agitaba los árboles del jardín. Anne avanzaba lentamente por el pasillo con el corazón acelerado, cada paso resonando suavemente sobre el mármol como