La habitación del hotel estaba envuelta en una penumbra cálida. La lámpara del buró arrojaba un círculo amarillento sobre la mesa llena de papeles, botellas a medio vaciar y una libreta vieja donde Jack Kart había garabateado nombres, fechas y cantidades con su letra torcida. Afuera, la ciudad brillaba con luces lejanas, indiferente a los planes oscuros que se tejían en esa habitación del piso diecisiete.
Jack estaba solo. Siempre terminaba solo, pero eso no le molestaba. La soledad era, de alg