La noche avanzaba lenta en el penthouse, y aunque el silencio reinaba, Evan no podía hallar calma. Desde que su abuela había salido del despacho de su padre, no dejaba de imaginar qué palabras se habían dicho, qué verdades habían estallado en ese encuentro. Él mismo había pasado toda la tarde con un nudo en el estómago, consciente de que la vida ya no volvería a ser la misma.
Esperó. Caminó de un lado a otro en el pasillo del ala sur hasta que escuchó el eco de pasos suaves acercarse. Marie O’F