El cielo de aquella tarde parecía encapotado a propósito, como si supiera lo que Eleanor Lewis Benson estaba a punto de enfrentar. El aire estaba denso, húmedo, lleno de ese olor a tierra mojada que anticipa tormentas. Nada de eso, sin embargo, era suficiente para evitar que ella llegara al cementerio. Había algo que la empujaba, una inquietud que no la había dejado dormir en días.
Había pasado ya poco más de seis meses desde que Jonah Lewis Benson había sido declarado oficialmente muerto. La t