Katherine miraba el celular. Evan lo había conseguido en la empresa. No iría al cementerio personalmente, pero dejaría algo que le remordiera la conciencia: un juguete de bebé junto a una foto de su hijo. Lo que iba a hacer era peligroso, pero efectivo. La tendría muerta de miedo.
En ese momento, Evan entraba al lujoso departamento en el que ahora vivían. El trabajo había estado pesado.
—Buenas noches, hijo. ¿Cómo te fue en la oficina? ¿Cómo se encuentra Anne? —preguntó la madre, levantándose d