Los días en Valenhall transcurrían con una cadencia sencilla y trabajadora. Wolf y Kael, dejando a un lado sus rencillas pasadas, trabajaban codo a codo en la reparación de la cabaña de Helga. Sus manos, curtidas por la batalla y el clima, se movían con una eficiencia silenciosa, reforzando las paredes agrietadas, reparando el techo de paja y asegurando las ventanas. Christina, a su vez, ayudaba a Helga con las tareas del hogar y el cuidado del pequeño huerto que rodeaba la cabaña, aprendiendo