El desayuno había terminado. Lucy se había ido al colegio con sus guardaespaldas, y William se había encerrado en su oficina para atender unas llamadas. Yo me quedé en la cocina con Margaret, ayudándola a guardar la loza, sintiendo cómo las palabras que había estado rumiando toda la noche finalmente tomaban forma en mi boca.
—Margaret. —Dije, secando una taza con un paño. —Hoy voy a hablar con William. Voy a renunciar.
La cocinera dejó el plato que tenía en las manos y me miró con los ojos muy