Narrado por Helena
David Sterling fue ingresado en la cárcel de Rikers Island al amanecer del día siguiente, esposado y custodiado por cuatro agentes federales que no se separaron de él ni un segundo durante el traslado. William había insistido en que lo trataran como al criminal más peligroso del país, y los jueces, cansados ya de las artimañas de los Renard y los Winchester, accedieron sin rechistar. No habría fianza, no habría visitas conyugales, no habría privilegios. David pasaría los próx