Narrado por Helena
La noche que William volvió de la fábrica, con la ropa empapada en sangre que no era la suya y los ojos vacíos de quien ha visto demasiado, entendí que nada volvería a ser igual. No porque David hubiera ganado. No porque hubiera escapado. Sino porque por primera vez desde que empezó todo esto, la muerte había entrado en nuestra casa. Jackson y Rodríguez no volverían a cenar con nosotros. No volverían a patrullar el jardín. No volverían a proteger a Lucy cuando saliera al cole