Narrado por William
El viento del río East se coló por entre los cables del puente de Brooklyn con un gemido que parecía el lamento de todos los fantasmas que habitaban aquella ciudad de acero y sombras. Me quedé paralizado, con los pies clavados al suelo de cemento y los brazos caídos a los costados, mirando el rostro que me devolvía la mirada como un espejo deforme. No podía creerlo. No quería creerlo. Pero la evidencia estaba ahí, frente a mí, con sus ojos azules y su mandíbula cuadrada y es