Narrado por William
Salí de la mansión cuando el reloj de la torre del jardín marcaba las dos de la madrugada. La lluvia seguía cayendo, fina y persistente, empañando los cristales de los faros del coche y dibujando sombras fantasmagóricas en el asfalto mojado. Jackson me esperaba al volante, con el rostro tenso y las manos agarradas al volante con una fuerza que blanqueaba sus nudillos. Atrás, cuatro hombres más ocupaban los asientos traseros, todos ellos ex militares que había contratado desp